miércoles, 29 de junio de 2016

Estrellas






E s t r e l l a s

¡Imposible olvidar el asombro
en aquella noche limpia
sobre la cumbre de un páramo!

Alcé los ojos a la bóveda infinita…
Eran tan tupidas y tan brillantes
las estrellas
que el cielo parecía plateado.

Todas las estrellas palpitaban vivas.
La fosforescente Vía Láctea
se ramificaba en brazos luminosos
rodeando la Tierra.

Sentí un escalofrío
ante la grandiosidad del Universo.

Con la imaginación me trasladé
a milenios de luz.
El sol se me perdió entre millones
de luceros casi imperceptibles.

¿Y nuestra Tierra…?
Imposible descubrirla ni con el
más refinado telescopio.


Hay millones de galaxias,
cada galaxia con millones de soles,
y cada sol con su familia de planetas.

¿Y todavía creemos
que somos los únicos en el Universo…?

Desde hace millares de siglos
los humanos  habitamos la Tierra.
Y no sabemos todavía cómo empezamos
ni cómo acabaremos.

Si no fue para nosotros la Creación
¿entonces para quiénes?

El universo habría sido
un absurdo derroche de energía,
pirotecnia para nadie, divina ociosidad.
(Me perdonas).

Ya entiendo.
Te diviertes como un niño:
las estrellas son tus luces de bengala,
y las galaxias giratorias son
tus rodachinas.

Te sobraba felicidad
y quisiste compartirla.
¡Gracias!




La brisa








L a   b r i s a

La brisa es femenilmente juguetona;
sus caricias son caricias de mujer.

Cuando el viento agita las ramas de los árboles,
añade gracia y primor a la campiña.

Cuando contemplo la rubia marea de un trigal
remecido por el viento,
me invade una deliciosa fruición indefinible…

Brisa campestre del amanecer,
salpicada de gorjeos y perfumes.

Brisa escapada de los huertos
con aroma de manzanas y duraznos.

Brisa que despeina el rizado cabello
de las chicas en la playa,
y haciéndoles cosquillas en la piel desnuda
las hace sonreír.

Cuando el viento remece los altos eucaliptos,
les roba sus perfumes y sus trinos.

Cuando el huracán despluma
la ceiba milenaria,
le avienta un enjambre de semillas…

Cuando la brisa bate la fila de palmeras
en la playa,
las palmeras oscilan vanidosas,
cual muchachas en una pasarela.



El viento se deleita
impulsando las cometas bailarinas.
A unas las eleva por encima de las nubes;
a otras las convierte en
remolino de  flecos y papeles
y  las obliga a descender
y estrellarse contra el suelo.

La brisa es juguetona como una colegiala.

Señor, no te hagas el serio.
¿No es verdad que te diviertes
mirándonos jugar a las cometas...?

¿En qué emplearías tu inacabable tiempo libre?

Te sobraba felicidad
y quisiste compartirla.
¡Gracias!





Las flores








Las  Flores

Las flores son las niñas bonitas
del reino vegetal,
como las niñas son las flores
de la humanidad.

Flores hay que, cerradas en el día,
parecen un botón;
pero en la noche despliegan
sus corolas perfumadas.

Otras cambian de color durante el día.
Nacen blancas al amanecer;
a mediodía son rosadas,
 por la tarde rojas,
y a la noche mueren.

Símbolo de la existencia humana:
inocencia, juventud,
ancianidad y defunción.



Los perfumes no fueron inventados
por los hombres ni por las mujeres,
sino por la flores,
con miles de siglos de anticipación
al género humano.

Si no hubieran precedido las flores,
no existieran los perfumes.

Las flores necesitan insectos,
y los insectos flores.
¿Quiénes existieron antes?
¿O nacieron simultáneamente?

¿Qué mayor indicio de feminidad que los aromas?
Pasa una dama…
y le sigue una estela invisible de perfume.

¿Sigues escondido, Señor?
Cuando busco tu faz en los jardines
los aromas me  cuentan: “Ha pasado”.



Las Niñas







Las Niñas

Vienen a este mundo surtidas,
de todas las razas y de todos los matices:
blancas, negras, rosadas,
trigueñas, manzanas y duraznos.

Y en cuanto a los cabellos:
rubios, negros, castaños,
rojizos y dorados.

Y pueden ser lisos, crespos,
churruscos, ondulados,
viruta de cedro
y cabello de mazorca.

Cuando una ensortijada cabellera
enmarca un bello rostro infantil,
ninguna orquídea supera el hechizo
de una risa inocente.

Me encantan las niñas risueñas
y de hoyuelos.

Coquetas, cantantes, bailarinas,
juguetonas.
Porristas, bastoneras, patinadoras,
saltadoras de lazo.



Las quiero conversadoras, carialegres,
y también que hagan pucheros.

Que les encante jugar al escondite,
a la rayuela o golosa y a las lleva.

Que alcen y besen gatitos y pollitos.

Niñas que no se aguanten las ganas
de saborear un helado
ni de pellizcar un ponqué.

¡Oh Señor,
Síguenos enviando niñas alegres y bonitas
que nos hagan sentir
como en una deliciosa
y alegre primavera.




Música de la Naturaleza









Música de la Naturaleza

Anoche colgué mi hamaca
entre dos palmeras  a la orilla del mar
y empecé mi vaivén…

Me arrullaban las olas
con su eterno llegar…
canción de cuna que me hizo dormir.

Hoy me aterró un airado vendaval
frente a los arrecifes.

Soberbias olas arremetían
contra el acantilado,
produciendo una explosión
de neblinas y vapores
que salpicaban mi cuerpo
y amedrentaban mi espíritu.



Cuando la brisa revuelve
las ramas de los árboles
haciéndoles cosquillas,

las ramas de los árboles se ríen.

El viento juguetón
peina el trigal y lo convierte en oleaje rubio.

El viento juguetón encrespa las olas del mar
y  las corona  de crestas y de espumas.

El viento juguetón doblega las palmeras
y acaricia la piel de las bañistas.

Toda cascada es musical,
toda quebrada es cantarina.

Tenue llovizna
cae sobre las pajas de mi rancho;
su exquisita suavidad
me produce una fruición indefinible.
Es el adagio de la sinfonía.

Estruendoso aguacero
teclea sobre los tejados
y acribilla los árboles del parque.

Sigue un súbito relámpago
y un trueno cavernoso que me aterroriza.
Es el fortísimo de la salvaje sinfonía.


Luciérnagas


Luciérnagas

Quisiera volver a mi dichosa infancia
y caminar de nuevo al anochecer
por la senda silenciosa del palmar.

A dondequiera que mire brillan luciérnagas
como un recreo de chispas en la oscuridad.
Diminutos lampos fosforescentes
trazan pespuntes de luz
como hilvanando los lutos de la noche.

Felices las ennoviadas candelillas
que se buscan y se encuentran y se acoplan,
y apagan sus linternas para no delatar su romance.

Dichoso el grillo violinista,
juglarcillo nocturno,
que siempre logra conquistar un querer,
y acalla su trémolo para iniciar un placer.




Felices las corolas
que disfrutan la visita del polen,
y feliz el polen cuando logra impregnar
la engomada cabeza de un estigma.

La brisa es cómplice
de los noviazgos nocturnos,
ya que esparce perfumes
para seducir mariposas.

Si no existiera el aire,
que trasmite las ondas acústicas,
los pájaros serían afónicos
y jamás iniciarían sus idilios.



La fiesta de la vida



La Fiesta de la Vida

Las flores atraen
a las mariposas y a los colibríes,
y ellos con su pulcritud
embellecen el paisaje.

¿Quién, con milenios de anticipación,
esparció semillas en los cinco continentes
y, cuando vino la cosecha de frutas y de frutos,
convocó al festín a todos los vivientes?

Señor, ya sabemos que fuiste Tú.
¿Por qué no sales al proscenio
y haces una venia como los artistas
para que te aplaudamos y te felicitemos?




¡Plácemes por la jubilosa melodía
de los pajaritos al amanecer!
¡Y por la aturdidora gritería de las ranas
y los grillos al anochecer!

¡Plácemes por el arco iris,
 las mariposas, las orquídeas!
Por los  pintados pececillos.
¡Plácemes por las luciérnagas, las brisas
 y los arreboles del atardecer!

Gracias por la luna y el sol  y las estrellas.
Por el cielo azul y las blancas nubecillas.
Por  la inocente y linda nieve.

Te aplaudo, Señor, y te bendigo
por todas tus criaturas
de aire, tierra y mar.

¡Y espero ilusionado tu alegre invitación
a la Fiesta de tu Vida!
 Amén.